La sinceridad

mouth

 

Lo que buscaba lo encontré ese día al cruzar la puerta de la cafetería a eso de las cinco y cuarto de la tarde. Estaba llena de gente, con sus conversaciones diarias pero ella era fácil de localizar entre todos.

Hablaba con grandes aspavientos, movía las manos dando manotazos en el aire, los ojos fuera de sus órbitas, la risa floja y sonora y abría tanto la boca que parecía una actriz porno. Vociferaba aquella máxima trillada por mil coaches de internet que dice que cada uno se forja su futuro día a día sin percibir lo que el resto sí veía: que miraba más al rededor que la atención que se prestaba a sí misma.

El discurso, manido de tanto uso, de tanto contárselo a sí misma y al mundo, se volvió una mentira cotidiana dentro de un gran vacío de sinceridad. Ahora sólo le faltaba creérselo y a mí esperar a que mis amigos acudiesen a la cita para contarles que una mujer gritaba verdades de esas que sólo suelen gritarse en un bar.

2 comentarios en “La sinceridad

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